Lo que ansío es que permanezca constantemente libre, se sienta así y yo la vea así. Que siga siendo quien es, no cambie y se exprese dulcemente como suele hacerlo.
No la quiero poseer. Bueno, sí pero no para hacerle daño alguno, sino para darle todo el bien que quiero darle desde que la conozco y me gusta así de mucho, y sea sólo yo quien la provea de mi amor.
Tengo claro que no es mía tampoco. Ella dice que sí, que quiere serlo y que lo es, y que yo lo soy de ella. Me paraliza de forma positiva que piense eso, aunque formalmente no seamos eso aún.
No duda, es directa sincera. Tan cercana a mí, tan lejana.
Sospecho que no sabe que cuando hablamos la siento en mi cuerpo. En mi pecho, en mi piel, en el frío de mis manos la siento, en mi sonrisa. Probablemente alguien que me mire a los ojos, la encontraría fácilmente a ella, sin yo haberle hablado de quien es y de que existe.
Eso me asusta. No tolero la idea de que la descubran, que la encuentren en mis ojos, ni en ningún otro lugar. Menos si la ven caminando por mí corazón, cantando en mi voz, o hablando a través de mi lápiz. No me perdonaría en esta vida el hecho de perderla sin antes haberle dicho que es mía porque para nadie más es... Sino que es para mí.